Las que firmaron menos de lo que hicieron: cinco mujeres en la arquitectura del siglo XX
La silla Barcelona es probablemente el mueble más reproducido del siglo XX y lleva un solo nombre. Pero no la diseñó una sola persona. A partir de ahí, cinco casos que cuentan algo incómodo sobre cómo se reparte la autoría en arquitectura.
Hay una prueba sencilla. Piensa en el Pabellón de Barcelona: mármol, agua, acero cromado, la silla. Ahora di quién lo hizo. Casi todo el mundo responde un nombre, y ese nombre es Mies van der Rohe.
La respuesta completa son dos nombres. El otro es Lilly Reich, y tardó sesenta años en aparecer en los libros.
Este artículo no va de reivindicaciones abstractas. Va de cinco casos concretos, documentados, en los que el trabajo de una persona acabó firmado por otra o directamente prohibido. Y va de una pregunta que en nuestro oficio no es teórica: quién firma un proyecto y qué significa esa firma.
Una línea de tiempo
Las cinco vivieron el siglo XX casi entero entre todas. La primera nació en 1878, la última sigue viva.
01 · Lilly Reich, la coautora del pabellón
Reich (Berlín, 1885) era ya una diseñadora con nombre propio cuando conoció a Mies. En 1920 fue la primera mujer elegida para la dirección del Deutscher Werkbund, la asociación que agrupaba a lo más avanzado del diseño alemán. Mies no entró en esa dirección hasta después.
Trabajaron juntos desde 1927 hasta que él se marchó a Estados Unidos en 1938. En esos once años salieron el Pabellón de Barcelona, la casa Tugendhat y buena parte de las exposiciones que construyeron la reputación de Mies. Reich dirigió además el taller de interiorismo de la Bauhaus.
Ese esquema —el que aparece en todos los manuales— es indisociable del trabajo sobre materiales, telas y disposición de piezas que Reich llevaba haciendo años en sus montajes de exposiciones.
Lo que ocurrió después explica por qué su nombre desapareció. Mies emigró; ella se quedó en Berlín. Durante la guerra, Reich puso a salvo los dibujos de ambos —los suyos y los de él— y así sobrevivieron a los bombardeos. Murió en 1947, con la ciudad en ruinas y sin haber podido reconstruir su carrera.
Aquel archivo que ella salvó acabó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, donado por Mies. Es decir: la documentación que permite estudiar la obra de los dos existe porque la protegió ella, y durante décadas sirvió para atribuirle a él lo que habían hecho juntos.
Hoy la Fundación Mies van der Rohe reconoce el pabellón como obra de ambos.
02 · Charlotte Perriand y los cojines que no bordó
El 14 de octubre de 1927, una diseñadora de 24 años se presentó en el estudio de Le Corbusier con su carpeta. Él la despachó con una frase que ha hecho más carrera que muchos edificios: «aquí no bordamos cojines».
Semanas después, Perriand montó su Bar sous le toit en el Salón de Otoño de París: un bar doméstico en aluminio anodizado, cristal y cromo. Pierre Jeanneret llevó a su primo a verlo. Le Corbusier se disculpó y la contrató.
Estuvo diez años en aquel estudio y de ahí salieron los muebles que todo el mundo conoce, la chaise longue incluida. Durante décadas se vendieron sencillamente como muebles de Le Corbusier. La atribución sigue discutiéndose: el fabricante actual acredita a los tres autores, y en 2022 retiró la denominación «LC4» precisamente porque contribuía a la confusión.
Perriand vivió hasta 1999 y tuvo una segunda carrera larga y propia: los años en Japón, la estación de esquí de Les Arcs, una obra que no necesita de nadie más para sostenerse.
03 · Eileen Gray y una casa pintada sin permiso
Gray (Irlanda, 1878) empezó como diseñadora de muebles y lacas. La mesa E-1027 y el sillón Bibendum siguen fabricándose hoy.
Entre 1926 y 1929 construyó en Roquebrune, sobre el Mediterráneo, una casa que llamó E-1027: un código con sus iniciales y las de Jean Badovici entrelazadas. Es una de las obras clave de la arquitectura moderna, pensada hasta el último detalle, con muebles diseñados para cada rincón.
Gray dejó la casa hacia 1931. En abril de 1938, Le Corbusier —amigo de Badovici e invitado en la casa— pintó una serie de murales de colores directamente sobre las paredes blancas. Sin permiso de ella. Gray protestó por carta desde Argel ese mismo mes: consideraba aquello un acto de vandalismo, y buena parte de los historiadores le ha dado la razón.
Durante décadas la casa se atribuyó a Badovici, o directamente a Le Corbusier. Tras una restauración larga, E-1027 reabrió al público en 2021, ya inequívocamente a nombre de Eileen Gray. Los murales siguen ahí.
04 · Denise Scott Brown y el premio que no se pudo repartir
Scott Brown (Zambia, 1931) firmó con Robert Venturi Aprendiendo de Las Vegas, uno de los libros que más ha cambiado la manera de mirar la ciudad. Trabajaron juntos, en el mismo estudio, durante toda su carrera.
En 1991 el Pritzker premió a Venturi. Solo a Venturi.
En 2013, un grupo de estudiantes de la Escuela de Diseño de Harvard lanzó una petición para que se reconociera a Scott Brown como colaureada. Reunió cerca de diecisiete mil firmas. Entre ellas, las de Zaha Hadid, Rem Koolhaas y el propio Venturi.
El jurado dijo que no. Su presidente respondió que un jurado posterior no puede revisar el trabajo de uno anterior, y que ninguno lo ha hecho nunca. Añadió que Scott Brown no queda descartada para recibirlo en el futuro.
Tiene 94 años. Aún no se lo han dado.
05 · Matilde Ucelay, y aquí no hay atribución sino prohibición
El caso español es de otra naturaleza, y conviene contarlo sin adornos.
Matilde Ucelay Maórtua (Madrid, 1912) entró en la Escuela de Arquitectura en 1931 y se tituló en 1936: la primera arquitecta de España. Terminó un año antes de lo previsto porque se sacó dos cursos en uno.
Al acabar la guerra fue juzgada en consejo de guerra y depurada profesionalmente por la Dirección General de Arquitectura, acusada de «auxilio a la rebelión» por haber formado parte de la junta de gobierno del Colegio de Arquitectos de Madrid en 1936. La sanción le prohibió de por vida ejercer cargos públicos y directivos, y firmar obra oficial.
No dejó de trabajar. Siguió proyectando durante cuarenta años —más de ciento veinte proyectos, sobre todo vivienda unifamiliar, pero también fábricas, laboratorios y comercios— y durante un tiempo tuvo que firmar parte de su obra con el nombre de otros.
Este artículo lleva fotografías de casi todas las protagonistas. De Matilde Ucelay y de Lilly Reich no hay ninguna disponible con licencia libre: de Reich solo consta una calle con su nombre en Hildesheim, y de Ucelay, unos jardines en Chamberí. La dificultad para ilustrar sus biografías forma parte del mismo asunto que cuenta el artículo.
En 2004 recibió el Premio Nacional de Arquitectura. Fue la primera mujer en recibirlo. Tenía 92 años. Murió cuatro años después.
Qué tiene esto que ver con nosotros
Se puede leer todo lo anterior como historia y cerrarlo ahí. Pero hay una parte que sigue siendo actual y que nos toca de cerca.
En un estudio pequeño casi nada lo hace una sola persona. Un proyecto pasa por varias manos antes de salir, y la firma que va en la carátula es un acuerdo sobre responsabilidad, no un acta de quién tuvo qué idea. Nosotros firmamos los tres —arquitecto, arquitecto técnico e ingeniero técnico industrial— porque cada encargo lleva trabajo de las tres disciplinas y ninguna podría certificar sola lo que hacen las otras.
Los cinco casos de arriba tienen algo en común: no se discutía el talento de ninguna de ellas. Se discutía —o ni siquiera se discutía— quién aparecía en el papel. Y una vez impreso, el papel dura más que la memoria de quien estuvo allí.
Sesenta y siete años tardó Lilly Reich. Ochenta y tres, Eileen Gray. Sesenta y ocho, Matilde Ucelay. Denise Scott Brown sigue esperando.
Créditos de las imágenes
Las fotografías proceden de Wikimedia Commons y se reproducen bajo sus respectivas licencias libres, que permiten el uso comercial citando autoría y licencia. No somos titulares de los derechos de estas imágenes.
- Pabellón alemán de Barcelona — vía Wikimedia Commons, CC BY-SA.
- Silla Barcelona — vía Wikimedia Commons, CC BY-SA.
- Villa Tugendhat — vía Wikimedia Commons, CC BY-SA.
- Charlotte Perriand en 1991 — CC0.
- Muebles de Charlotte Perriand — CC BY-SA 3.0.
- Retrato de Eileen Gray — dominio público.
- E-1027, exterior y terraza — dominio público.
- Denise Scott Brown, 1978 — © Lynn Gilbert, CC BY-SA 4.0.
- Casa Vanna Venturi — dominio público.
- Guild House — CC0.
La cronología, la planta del pabellón, el esquema de la chaise longue, la sección de E-1027 y el gráfico de años son elaboración propia.