El arte de habitar: interiorismo como expresión de identidad
El interiorismo es una manifestación del estilo de vida, la personalidad y las necesidades de quienes ocupan un espacio. Cada decisión, desde los materiales hasta la distribución del mobiliario, condiciona la experiencia cotidiana de habitarlo.
Seis claves para pensar un espacio
Antes de elegir un solo material, todo proyecto de interiorismo pasa por seis variables que se retroalimentan entre sí: el espacio disponible y su distribución, la luz natural y artificial, las masas (mobiliario y volúmenes), el ritmo con el que se suceden los elementos, la armonía del conjunto y, por último, el color.
Color y luz, una relación directa
De las seis variables, el color es probablemente la más fácil de infravalorar y la que tiene un efecto más inmediato sobre cómo se percibe un espacio. Los colores tienen propiedades estimulantes, por lo que conviene buscar siempre un equilibrio en la gama cromática antes de decidir un color dominante.
Una regla práctica que aplicamos a menudo: en espacios con poca iluminación funcionan mejor los tonos cálidos: amarillos, naranjas y ocres. En espacios con buena iluminación natural, en cambio, los tonos fríos (verdes, azules y morados) tienden a funcionar mejor.
En espacios grandes, además, el color se puede introducir de forma más libre a través del mobiliario, sin necesidad de comprometer paredes o techos: una forma sencilla de aportar carácter sin condicionar el resto del proyecto.
Por qué nos importa en Picoesquina
Aunque nuestro trabajo se centra sobre todo en arquitectura y rehabilitación de edificios públicos, estos principios de interiorismo forman parte de cómo pensamos cualquier espacio habitado: la luz y el color no son un acabado final, sino una decisión de proyecto.
Primera entrega de una serie de cuatro artículos sobre interiorismo.