Alvar Aalto: el modernista que se negó a que la arquitectura fuese fría
Mientras media Europa proyectaba con acero, vidrio y ángulos rectos, un finlandés construía sanatorios pensando en lo que ve un enfermo tumbado boca arriba, doblaba madera de abedul hasta patentar el procedimiento y llenaba de curvas unos edificios que, sobre el papel, deberían haber sido cajas. Biografía y obra del arquitecto que humanizó el movimiento moderno.
Un país que se estaba inventando a sí mismo
Hugo Alvar Henrik Aalto nació el 3 de febrero de 1898 en Kuortane, Finlandia. Su padre, Johan Henrik, era agrimensor y hablaba finés; su madre, Selma, era jefa de correos y hablaba sueco. Cuando el niño tenía cinco años la familia se mudó a Alajärvi y de allí a Jyväskylä, en el centro del país, la ciudad a la que volvería una y otra vez durante cincuenta años.
Hay un detalle de infancia que a los arquitectos les suele hacer gracia: la mesa de trabajo de su padre, la mesa blanca del agrimensor sobre la que se levantaban los planos del territorio, fue el primer tablero de dibujo que conoció. Aalto contaba que aprendió a mirar el paisaje como algo que se mide y se representa antes que como algo que se contempla.
El dato biográfico que más explica su obra, sin embargo, es de contexto. Finlandia se independizó en 1917, cuando él tenía diecinueve años, e inmediatamente después vivió una guerra civil breve y brutal en la que Aalto combatió con el bando blanco, en las batallas de Länkipohja y Tampere. El país que salió de aquello necesitaba construirlo casi todo, tenía como principal recurso económico la madera y sentía una urgencia real por definir qué significaba ser finlandés.
Aalto se pasó medio siglo respondiendo a esa pregunta con edificios. Y hay una coincidencia que él mismo disfrutaba: «aalto» significa «ola» en finés. El arquitecto de las líneas ondulantes se apellidaba, literalmente, Ola.
Se tituló en 1921 en la Universidad Politécnica de Helsinki y en 1923 abrió estudio propio en Jyväskylä con un rótulo espléndido: «Alvar Aalto, arquitecto y artista monumental». Escribía además en el periódico local bajo el seudónimo de Remus. Sus primeras obras son de clasicismo nórdico, muy lejos de lo que vendría después.
Aino
En 1924 se casó con la arquitecta Aino Marsio. Es imposible contar la obra de Aalto sin ella, y durante décadas se contó mal.
Aino Aalto no fue una colaboradora ocasional: firmó con él el sanatorio de Paimio, dirigió el diseño de mobiliario e interiores, y fue directora artística y después directora general de Artek, la empresa que ambos fundaron en 1935 junto a Maire Gullichsen y Nils-Gustav Hahl para fabricar y distribuir sus muebles. Su serie de vidrio Bölgeblick ganó una medalla en la Trienal de Milán de 1936 y sigue produciéndose.
Murió de cáncer en 1949, a los cincuenta y cuatro años. En 1952 Aalto se casó con la arquitecta Elissa Mäkiniemi, que dirigiría el estudio tras la muerte de él y supervisaría las obras que quedaban pendientes.
Paimio, 1933: proyectar para alguien que está tumbado
El sanatorio antituberculoso de Paimio es la obra que lo convirtió en una figura internacional, y probablemente sigue siendo la más instructiva.
Antes de los antibióticos, el tratamiento de la tuberculosis consistía básicamente en reposo, sol y aire limpio. Es decir: el edificio era el tratamiento. Aalto lo tomó al pie de la letra y descompuso el programa en alas separadas, cada una orientada según lo que hacía falta dentro. El ala de habitaciones se gira para captar el sol de la mañana; las terrazas de cura se apilan en un bloque propio, abiertas al bosque.
Lo memorable, sin embargo, está en la escala pequeña, y sale todo de la misma pregunta: ¿qué ve y qué oye una persona que pasa meses tumbada boca arriba?
- Los techos de las habitaciones se pintaron de un tono oscuro y las luminarias se colocaron fuera del campo visual del paciente acostado.
- Los lavabos se diseñaron con la pila inclinada para que el chorro cayera sobre la porcelana sin hacer ruido y no molestase al compañero de habitación.
- La calefacción se dispuso radiante desde el techo, de modo que el calor llegase al cuerpo sin corrientes de aire frío.
- Los armarios se separaron del suelo para poder limpiar debajo sin acumular polvo.
Y de ahí salió también un mueble: la silla Paimio, con un asiento continuo de contrachapado curvado cuyo ángulo se estudió para facilitar la respiración de un enfermo pulmonar sentado.
Paimio es la mejor respuesta que se le ha dado nunca al tópico de que el funcionalismo es deshumanizado. Es un edificio radicalmente funcionalista precisamente porque piensa en el cuerpo concreto que va a ocuparlo.
Viipuri, 1935: la biblioteca que se convirtió al modernismo a medio camino
La biblioteca municipal de Viipuri tardó ocho años en construirse, entre 1927 y 1935, por problemas de financiación y un cambio de solar. Aalto ganó el concurso con una propuesta todavía clasicista y terminó entregando un edificio plenamente moderno. Se puede seguir su cambio de piel en los planos sucesivos.
Dos soluciones se han copiado desde entonces sin parar. La primera: cincuenta y siete lucernarios circulares abiertos en la cubierta de la sala de lectura, abocinados de manera que la luz rebota en el interior del cono y llega difusa al plano de trabajo, sin deslumbrar ni proyectar sombras duras sobre el libro. En una latitud donde el sol está siempre bajo, resolver la iluminación por arriba es un acierto mayúsculo.
La segunda: el techo ondulado de madera de la sala de conferencias, una sucesión de olas de pino que no es decoración sino un difusor acústico, pensado para repartir la voz del conferenciante por toda la sala. Es acústica arquitectónica hecha con listones.
La ciudad pasó a manos soviéticas tras la guerra y cambió su nombre por el de Vyborg; el edificio quedó muy dañado y estuvo décadas abandonado, con el techo ondulado desmontado y las estanterías perdidas. Una restauración conjunta finlandesa y rusa que se prolongó más de veinte años lo devolvió a la vida en 2013 y recibió el premio de la Unión Europea de patrimonio.
Doblar la madera hasta patentarla
Durante los años treinta, Aalto se pasó temporadas enteras experimentando con contrachapado de abedul en la fábrica de Otto Korhonen. No era una afición: buscaba una alternativa al tubo de acero, que era el material canónico del mueble moderno y que a él le parecía frío al tacto y desagradable en un país donde hace veinte grados bajo cero.
El resultado técnico fue la pata en L, patentada en 1933: se practican unas ranuras en el extremo de una pieza maciza de abedul, se introduce cola y láminas finas y se curva noventa grados. Con eso, la pata y el tablero se unen sin herrajes ni escuadras. De ahí sale el taburete 60, que se apila, que sigue fabricándose y que se ha vendido por millones.
Aalto fue también el primero en aplicar el principio del voladizo a una silla de madera, algo que hasta entonces solo se hacía en acero. Su influencia sobre Charles y Ray Eames o George Nelson está reconocida y es directa.
De 1936 es el jarrón Savoy, hecho para el restaurante del mismo nombre en Helsinki y todavía en catálogo de Iittala noventa años después. El contorno ondulado se ha explicado mil veces como una silueta de los lagos finlandeses vistos desde el aire, aunque el propio Aalto, que tenía sentido del humor, lo presentó a concurso con el título de «pantalones de cuero de una mujer esquimal».
Y hay un episodio internacional decisivo: en 1938 el MoMA de Nueva York le dedicó una exposición individual, cuando solo Le Corbusier había tenido antes ese honor. Al año siguiente, su pabellón finlandés en la Exposición Universal de Nueva York, con un enorme muro ondulado de madera inclinado sobre el visitante, fue calificado por Frank Lloyd Wright como «una obra de genio».
La guerra y la oficina de reconstrucción
La Segunda Guerra Mundial le tocó de lleno. Finlandia perdió Carelia, y con ella la biblioteca de Viipuri y una parte importante del territorio. En 1941 fue profesor invitado en el MIT, pero volvió al país para dirigir la Oficina de Reconstrucción, encargada de rehacer las ciudades arrasadas y de realojar a más de cuatrocientas mil personas desplazadas.
De ese trabajo salió un plan urbano que se cuenta siempre y que resume su manera de pensar: el de Rovaniemi, la capital de la Laponia finlandesa, destruida casi por completo en 1944. Aalto trazó el viario principal reproduciendo la silueta de una cornamenta de reno. Puede sonar a anécdota decorativa, pero el trazado funcionaba, se construyó y sigue ahí.
Villa Mairea, 1939: el edificio donde encaja todo
Los clientes fueron Harry y Maire Gullichsen, una pareja de jóvenes industriales de la familia Ahlström. Maire, promotora de arte y socia de Artek, pidió expresamente a los Aalto que fuesen más atrevidos y les dio una libertad casi total.
La casa se organiza en U alrededor de un jardín con una piscina de forma libre y una sauna de aire rústico. Por fuera hay planos blancos que podrían firmar Le Corbusier o Mies; por dentro, madera por todas partes, y en la escalera principal una barandilla formada por troncos de abedul atados que reproduce deliberadamente la sensación de caminar entre árboles. Las columnas cambian de tratamiento según la zona: unas van desnudas, otras se envuelven en ratán o en listones.
Es un edificio que mezcla vanguardia europea, tradición constructiva finlandesa y referencias japonesas sin que ninguna gane. Aalto, que tenía olfato para justificarse, sostuvo que aunque fuera una casa para gente rica servía de laboratorio para la vivienda colectiva.
El ladrillo, el ayuntamiento y la escalera de césped
De vuelta al MIT tras la guerra proyectó la residencia de estudiantes Baker House (1949): un bloque de ladrillo con la fachada ondulada en planta. La curva no es un capricho: sirve para que el mayor número posible de habitaciones tenga vistas al río Charles en vez de a la calle, y para que ninguna quede enfrentada a la de al lado. Con ese edificio arranca su llamado periodo rojo, el del ladrillo visto.
De vuelta en Finlandia llegó una de sus obras más queridas: el ayuntamiento de Säynätsalo (1952), en una isla de apenas tres mil habitantes. Aalto ganó el concurso con un lema muy suyo, Curia, y planteó algo desproporcionado para el encargo: cuatro cuerpos de ladrillo alrededor de un patio elevado por encima del terreno natural.
Al patio se sube por dos escaleras deliberadamente distintas: una convencional, de ladrillo, y otra formada por peldaños de césped contenidos con traviesas de madera, que se deforma con el uso. Para llegar al salón de plenos hay que subir dos veces. Es un gesto casi solemne aplicado a un municipio diminuto, y funciona: el edificio dice que lo que pasa dentro importa.
La sala de plenos remata además con una estructura de cerchas de madera en abanico, resuelta a la vista, que es de las cosas más bonitas que hizo.
En 1953 se construyó en Muuratsalo su casa experimental de verano, con un patio cuyos muros están revestidos con más de cincuenta paños distintos de ladrillo y cerámica, cada uno con su despiece y su junta. No es decoración: es un ensayo de materiales a la intemperie a escala real, para ver cómo envejecía cada solución tras los inviernos finlandeses. Un arquitecto que convierte su propia casa de vacaciones en un banco de pruebas.
El Finlandia, y un error de material
Su última gran obra fue el Finlandia de Helsinki (1971-1975), la sala de conciertos con la que quiso rematar un ambicioso plan urbano para el centro de la ciudad, junto a la bahía de Töölö, que nunca llegó a realizarse: de todo aquel proyecto solo se construyeron dos piezas.
Aalto lo revistió de mármol blanco de Carrara por razones simbólicas: quería una referencia mediterránea, un pedazo del sur en el norte. Técnicamente fue una mala decisión y conviene contarlo sin rodeos. El mármol de Carrara se corta en placas finas y, sometido a ciclos de hielo y deshielo, sufre una descohesión de los cristales que hace que las placas se comben hacia fuera. En Helsinki se combaron. Hubo que sustituir el revestimiento completo en los años noventa, con el mismo material, y volvió a pasar.
Es un recordatorio útil de que ni los maestros están a salvo de un error de material, y de que la elección de un revestimiento no se juega solo en la muestra que se ve en el estudio, sino en el comportamiento frente al clima concreto del sitio.
Aalto murió en Helsinki el 11 de mayo de 1976. Había recibido antes la medalla de oro del RIBA británico (1957) y la del AIA americano (1963), y presidió la Academia de Finlandia entre 1963 y 1968. Su segunda mujer, Elissa, dirigió el estudio hasta 1994 y terminó las obras que quedaban pendientes.
Se calcula que a lo largo de su carrera proyectó más de quinientos edificios, de los cuales se construyeron unos trescientos. La inmensa mayoría, en Finlandia.
Qué se aprende de Aalto
Que la luz se proyecta, no se coloca. Los lucernarios de Viipuri son un cálculo geométrico disfrazado de forma bonita. Cualquier sala de lectura, aula o zona de trabajo se juega la calidad ahí, y en el sur el problema es el inverso pero la disciplina es la misma.
Que el detalle pequeño decide la experiencia. Un lavabo que no hace ruido no aparece en ninguna revista y es lo que un paciente recuerda. En rehabilitación de edificios públicos, que es buena parte de nuestro trabajo, esa escala es donde se gana o se pierde.
Que el material local no es folclore. Aalto usó madera porque era lo que había en Finlandia y porque se comporta bien allí. La lección no es «usa madera»: es mirar qué material tiene sentido en el sitio donde se construye, por comportamiento y por economía, antes de elegirlo por catálogo.
Que se puede ser moderno sin ser inhóspito. Aalto compartió congresos, amigos y principios con los grandes racionalistas, y aun así nunca aceptó que la coherencia formal justificase un edificio incómodo. Es una posición que sigue siendo útil cada vez que hay que elegir entre una solución más limpia sobre el plano y otra que funciona mejor para quien la va a usar.
Créditos de las imágenes
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- Terraza del sanatorio de Paimio — Saandraaa, CC0.
- Sillón 41 «Paimio» — Gotogo, CC0.
- Biblioteca de Vyborg, exterior — Ludvig14, CC BY-SA 4.0.
- Biblioteca de Vyborg, sala de lectura — Ninaraas, CC BY 4.0.
- Villa Mairea — Mikkoau, CC BY-SA 4.0.
- Baker House, MIT — Daderot, dominio público.
- Ayuntamiento de Säynätsalo — Mikkoau, CC BY-SA 4.0.
- Casa experimental de Muuratsalo — vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.
- Finlandia Hall — Ninara, CC BY 2.0.
El esquema de los lucernarios es elaboración propia.